Vi a la poesía morir,
y no hice nada para salvarla.
A las cuatro y cuarenta la vi partir,
desde entonces comencé a extrañarla.
Pensé que no tenía ya más nada...
Nada que perder ni nada que temer.
Hasta que te volteé a ver
para que inundaras mis pupilas con tus dudas.
Ahora temo perderte así como perdí a la poesía:
como se pierde lo que no se posee.
Ahora temo verte partir tal como vi partirla a ella:
como se ve partir aquello que no se puede detener.
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