Ayer al anochecer salí a caminar,
después de un rato en una banquita me senté a pensar.
He tratado de andar con calma,
mirando al cielo, quizá así los recuerdos me dejan de asfixiar.
Pero...
La Luna se parece mucho a esa que vimos
cuando por aquí de la mano anduvimos.
Incluso el aire que envuelve la noche
está perfumado con el olor de tu piel.
Ambos sabemos hacía donde va esto,
o lo imaginamos, evitando platicarlo demasiado.
¿Será que nos sorprendió ver en lo que esto se está volviendo?
Empezamos, quizá demasiado rápido,
sin pensar... nos dimos a la tarea de sólo sentir.
Sin hablar, dejamos que las miradas, las caricias,
nuestros besos y abrazos, por sí solos, explicaran con elocuencia.
¿Será que pensamos que inevitablemente la separación nos separaría?
Cómo nos íbamos a imaginar que ésta nos uniría,
y nos uniría aún más que nunca.
Y ahora que creemos saberlo todo,
que conocemos nuestras manías,
los hábitos que nos vuelven locos,
los trucos para reconciliarnos en un segundo...
Ahora que vemos hacia ese lugar que nos llegó a aterrar,
aquel que algún día creímos que era prohibido voltear a mirar...
Nos sorprende que ya no da tanto miedo, pues vamos de la mano.
Aún es difícil vivir a distancia,
caminar por los sitios en los que, a tu lado, he sido feliz.
Llorar es indispensable, ya no sé si de felicidad,
o de lo mucho que me duele no estar contigo.
¿Será que es posible superar esos kilómetros y la soledad?
Y un día, con mi cabeza reposando en tu hombro,
contar entre risas y besos todos esos momentos.
recordando los lugares, ordenando fotos, enumerando los viajes...
viviendo el futuro al que hoy, sorprendidos, miramos en el horizonte.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario