Tu rostro y el mío, se conocen a la perfección.
Tus gestos, cada uno hablándome sin palabras.
No te atrevas a decir que te vas porque ya no me sabes, pues diré que te quedes porque te sé, y así siempre será.
Las excusas, las tuyas y las mías, podríamos enumerarlas, incluso podríamos creérnoslas.
Dime, ¿dónde nos quedamos?
¿Qué sucedió con las horas y días, las sillas que ocupamos, las calles que caminamos?
Habrá sido el tiempo el asesino de la esperanza, o las lágrimas quizá.
Mas, ya no me sabes. No te sé. Ni quiero.
Somos esto que fuimos y aquello que jamás logramos.
Viéndonos, a lo lejos, los recuerdos se asoman sólo para decir adiós.
¿Y nosotros cuándo dijimos adiós?
Pasan los años, con sus calendarios y sus fechas.
Yo no puedo evitar mirar al 13 de mayo sin volver.
Quisiera saber si acaso entiendes lo que digo.
Hay días que vuelves más que en otros,
a veces en forma de sueño, o alucinación.
No mentiré: algo hay de la gloria que entonces sentía.
Ya no causas dolor, no, todo lo contrario.
Y aunque se asome una sonrisa, sé que algo falta.
Lo sabes tan bien como lo sé. Como siempre supimos.
Se escondieron hace tanto las palabras para despedirnos.
Ese adiós que nunca dijimos y que de vez en vez te dedico.
Podría decir que no sucederá de nuevo,
pero, ¿cómo saberlo? ¿Para qué mentir?
Déjame usarte en mis noches de inspiración esta vez y otra más.
Quizá en algún par de años ya no habrá de donde sacar más recuerdos.
Y tú, di adiós cuando puedas.
Sólo si quieres. Si entiendes. Si aún existes.

2 comentarios:
porfin recorde tu blog
Hola, gracias por acordarte :)
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