Extraño tus ojos, esa mirada tierna escondida detrás de tus pestañas,
la forma en que tus "te quiero" en realidad significaban "te amo",
esa seriedad y silencio que nacía justo antes de besarnos,
para entregarnos, para hacer desaparecer el mundo a nuestro alrededor...
para consumirnos, y olvidar el cielo, los mares, la tierra,
ese abismo al que muy seguramente caeríamos.
Te extraño y no hay mucho qué hacer,
pues estos kilómetros que nos separan revelarán realmente de qué estamos hechos:
lágrimas, amor, alegrías, olvido, sangre y temor;
ser o no ser fuertes al pasar frío.
Si tan sólo quieres, soñamos.
Juntamos las pesadillas y que se vayan a un rincón.
Mientras miremos la Luna, que aquí o allá sigue siendo una.
Cuéntame tus miedos, que yo te contaré los míos,
extráñame mucho y usa este tiempo para tejer planes,
que yo te escribiré todos los días, te extrañaré cada segundo,
te esperaré una vida entera si es necesario.
Que lo oscuro de tus ojos no se vaya nunca, amor,
pues extraño (yo los extraño) tanto su misterio como su amor;
de tu mirada quiero, otra vez,
el momento preciso en que te miro (y me miras)
y sabemos que ambos estamos exacto dónde deberíamos estar.
Extraño todo de ti, eso que amo, eso que odio,
lo que dices, lo que callas,
quien eres, quien pretendes ser,
tus errores, tus virtudes,
los miedos que compartimos,
lo bastante distintos que somos.
Escucha mi voz y dime si miento,
dime si acaso se me escapa un detalle,
toma mi mano y emprendamos este viaje.
Kilómetros.
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