Quiero recolectar viejos amigos a ver si me encuentro, ¿me perdí?
En ojos extraños encuentro miradas familiares; no parece coincidencia.
¿Es que todos miramos igual? Lo dudo.
Si no se lo expreso, me quedo en blanco, y ya no regreso al lugar lejano en que le conocí.
Necesito encontrarle por más de una razón. Es usted mi corazón, mis recuerdos y el presente.
En un punto me perdí, volvamos a ese entonces...
Fui yo quien recibió tu rosa de plástico, ¡la primera rosa que en mi vida recibí!
Aventé sobre tu pupitre la primerísima declaración de amor, era de parte tuya, y la rechacé.
Tanto que quise aceptarla, inquietaste mi alma por vez primera y no supe que hacer, pensé que así era aquello, quizá era amor, y el patrón se repitió por años.
Siglos parecen haber pasado hasta que volviste, con otra cara, con otra sonrisa, pero te olvidaste de un detalle...
tus ojos.
tus ojos.
Tonterías del tiempo, creimos que éramos especiales, y lo éramos.
Convertimos el espacio en universo.
Cada objeto que tocamos se volvió inmortal, como la moneda que dejaste aplastar por un tren, aún la guardo ¿sabes?...
El tiempo es tan chistoso, lo he pensado mucho.
Te fuiste y volviste y de nuevo me engañaste, con tus muchas caras y tus detalles.
¿Por qué me torturas con tus ojos?
Debería hacerte un libro, no una prosa.
Voluntario y sin preguntar, llegaste y me salvaste, ¿cuántas veces? Perdimos la cuenta, ¿recuerdas?
Sobra decir que ya he dicho como un millón de veces que fuiste el amor de mi vida.
¡Pero qué vida tan corta!
Tu peculiaridad venía de la facilidad con que tus manos entrelazaban las mías...
Aún así huíste, corriste, y te dejé ir.
Volverías, ¿no? Esos ojos siempre vuelven.
Hubiera deseado haberme equivocado o haber corrido justo antes de tu llegada, vaya, ¡cuán demoradas arriban estas reflexiones mías!
Una no puede resistirse a una elocuencia como la suya.
Y fue tan rápido que cuando más alto sentí que me elevaba sobre las nubes, caí.
Me enterré en lo hondo, en el vacío de las madrugadas. Se hundieron, también, mis ojeras. Y le abrí la puerta a la decepción (¡Sí, una vez más!).
No tardó más de un mes, sucedió un encuentro fortuito. Volviste. Tú, en una de tus demasiadas caras.
La música nos envolvió; es cierto, no es nada una canción.
Creímos saber lo que era el amor.
La efervescencia de nuestros sentimientos, la nostalgia y la melancolía.
Dígame usted, ¿dónde me perdí?
Usted, ¿cuál es su nombre? Si me lo pregunta a mí, le diría que su nombre lo componen como cinco nombres. Tantos recuerdos encapsulados en palabras que si no fuera por los recuerdos mismos seguirían siendo no más que conjunto de letras, simple simbología inútil.
Ya olvidé en qué lugar le conocí, pero sé en dónde le encontré, a usted, a todo lo que usted representa. Usted vive en mi corazón, eso no puede estar tan malo.
Hay espacio y el tiempo (tan chistoso el muy ingrato), parece hacer de aquel lugar superlativo algo infinito. ¿Y qué si no tiene fin, y qué si me perdí?


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