El cuarto sin techo.


Paredes, techo, azulejos y visiones.
Un cuarto que envuelve recuerdos
pues yo misma soy recuerdos.
Letreros en el cielo que no son otra cosa que canciones.

Te miro, en mis sueños, tranquilo y solemne.
Permaneces invicto a pesar del tiempo
y más que del tiempo, de los daños.
Y en mi cielo hay un letrero enorme que lleva tu nombre.

Sólo has avanzado un peldaño,
ha parecido eterno, deberíamos celebrarlo con vino.
Mis paredes dicen que no hay puerta, no para ti.
Pues, sí, había alguien que quería dejarte ir.

Mas, no hay puertas, no en este cielo.
Este, del que hablo, solía esconderse.
¿O era yo, quizá, quien me escondía de este?
Qué más da, si el techo se ha incendiado...

Las cenizas, quietas, en el suelo,
asfixian mis azulejos, que grises han quedado.
Y el miedo, maldito, ¡de mí se ha apoderado!
Rojo se tornó el azul de este, mi lúgubre cielo.

En posesión como estoy, ahora, de la felicidad
poco me atañe lo volátil que sea mi cielo.
Sus colores no intervienen en mi verdad
ni yo interfiero en sus deseos.

Amo la lluvia, cuando es enjugada por las cenizas.
A veces cae a cántaros, otras sólo es brisa...
Mas, podría arder en calor, qué importa ¡tengo tu sonrisa!
Mi alma encuentra hogar en tu suave caricia.

De alguna manera hay paz en tus lóbregos ojos
y el espacio en que habito pierde a poco su sórdido poder.
Bien sé que soy recuerdos, y por eso...
¡cuánta hermosura hay en todo mi ser!

1 comentario:

Unknown dijo...

Muy bonito poema...gracias por compartirlo n___n se agradece tu aporte..