No te quiero,
no te querré hoy, ni mañana,
es muy temprano aún.
Pero ven, al cuarto de hora del final.
Esconde tus aventuras
y destruye el pedestal,
ese en el que a diario me pones.
Quiébralo antes de que lo haga yo.
Te quiero al cuarto de hora del final,
quiero tu mirada, la escondida.
Quiero decirte que, desde el principio,
yo sólo esperaba ese momento.
La esperanza no es tan sobria,
no tanto como la gente cree;
extravagante, eso es, en cada esquina lo es.
Con adornos de miedo y lobreguez.
Vuelve entonces, cuando la sombra vuelva,
cuando se acerque la tempestad.
Vuelve entonces, cuando te quiera...
vuelve al cuarto de hora del final.
El frío entorpece la visión,
regresa con el frío;
engáñame, entonces te voy a querer.
Temo que ascenderá el Sol y el frío nos cegará.
¿Qué, no sabes que entonces palideceremos?
Y, cuando vuelvas, procura no ser Sol.
Al cuarto de hora del final, no antes.
Cuando te quiera, entenderás.
La muerte es paz, eso dicen.
Pero dicen, también, que no existe oscuridad.
Intenta no meter ideas en mi corazón.
Cuando te acerques, cuando me llores, calla.
Y entonces, cuando sea el día,
grítame, ¡y al oído dime todo lo que callaste!
No antes, ni después, ¿a qué puedes temer?
Las estrellas jamás se van a caer.
Te quiero, al cuarto de hora del final.
Quiero tus ojos, tu sonrisa escondida.
Quiero decirte que, desde el principio,
yo sólo esperaba dejar de esperar.

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