Como cuando se encienden las hojas en el otoñal suelo,
y el corazón mío susurra: "¿y tú cuándo te incendias?".
Adiós cordura; calla mente, ¡esconde lo que queda de razón!
Escucho las voces, el eco; escucho al mar... en mi corazón.
Hilvanan melodías, evocan al lejano amor, al consuelo.
Son los sonidos que llegan, casi siempre del sur,
que avientan, que vuelven, que me encuentran.
Jamás me alejé demasiado, las luces me guiaban.
Pero, también, jamás vi el nocturno azur,
pues no quise voltear; supongo que jamás quise encontrar.
Escucho las voces, el eco de las palabras que dije alguna vez.
Las miradas suelen hablar y, por ratos, suelen amar.
Algunas, incluso, te diluyen en su inmensidad, como el mar.
Sueños y memorias que son, se proyectan con nitidez.
En todos sus colores, en su vastedad, inspiran vida...
Vida más larga, vida más íntegra, ¡y el corazón sólo puede cantar!
Y va y viene, a placer. En cada venir, vuelvo a nacer,
¿acaso no es mi constante deseo el volver?
De mi corazón escucho cantos, la canción lúcida.
Sugiero el alegre ajetreo,
el ufano deseo.
¡Qué sea cotidiano, sugiero!
Oír absurdos cantos, ¡eso quiero!


1 comentario:
Me gusta tu playera de Dir (:
Sorry si no es el lugar apropiado para decírtelo.
Saludos Jemmy (es con una "m" o con dos?).
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