Bitácora de cosas totalmente cotidianas: III.





Las cosas que haces cuando nadie te mira son las que deberías hacer frente a todo mundo, con el mundo haciendo esas cosas que sólo hace cuando nadie mira. Entonces, muy seguramente, todos reiríamos y nadie sentiría ni una pizca de vergüenza.




Hace tanto que no escribo. Me duele.

Escribir una frase de ella al principio me ayuda a continuar escribiendo. Como el motor de arranque.
Una musa. ¿Así le llaman al objeto de inspiración, no es así?

Como la Luna. Que vaya usted a saber cuántos poemas ha inspirado. Ahí está, en lo alto. Preparada para ser la musa de algún poeta en apuros.

Así que yo pongo mi luna hasta arriba, cuando empiezo a escribir.
Y si me siento indispuesta sólo tengo que echarle un vistazo.

No sé si decirles que hace dos meses que se perdió ella, que mi cuarto es un desorden, que su casa está en venta o que un vecino se tiró desde su ventana del segundo piso y sobrevivió.

Probablemente lo del vecino suena más interesante.

No conozco muy bien a mis vecinos, pero últimamente que paso mucho tiempo en mi cuarto he desarrollado algunas costumbres. Unas más extrañas que otras. Una de ellas, como ya se lo han de estar suponiendo, es mirar a mis vecinos desde mi ventana.

De la de frente a mi casa ya sabían algo: le gustan las fresas.

Tiene cinco perros y dos gatos. Todos estos animales son hembras, pero si digo "perra" o "gata" suena muy grosero, creo yo.

Sale cada mañana con bolsa en mano y la hora de regreso suele variar pero usualmente es alrededor del mediodía.

Creo que mi perro está enamorado de una de sus gatas.
¿Ven? Suena feo.

A la derecha de esta casa (teniendo en cuenta que es mi derecha), está una casa de dos pisos con terraza. Todas las casas son de dos pisos, pero esta tiene terraza. Vive ahí una familia, al que más veo es al señor.

Este señor debe andar rondando por los cincuenta años, bien conservado. Cabello recortado, a veces se deja un poco la barba y bigote. Hablo de no rasurarse uno o dos días, creo que ese look le gusta.

Tiene una french poodle. Animal. Canino. Hembra.

Él mismo le corta el pelo, cada semana más o menos. Me parece que a veces lo recorta con más frecuencia.

A este me gusta llamarle "el vecino limpio", por obvias razones.

Luego, a la izquierda (de nuevo, mi izquierda), está el vecino suicida.

Casa descuidada, no sé bien si el color es verde o si es el resultado de muchos años de no pintarla.

A este vecino no se le ve mucho, puede que salga muy temprano y regrese de noche o puede que jamás salga.

Pocas veces lo he visto fuera de su casa y esas pocas veces es siempre así: cigarro en mano, ansioso, mirando al reloj repetidas veces, arrojando el cigarro al monte, volviendo adentro.
Sé que le gusta el rock, el metal, o algo así.
Su cabello es largo y desaliñado, de un solo largo cayéndole por debajo de los hombros y partido en medio.

Un buen día -malo, para mi vecino suicida-, salí casi al mediodía a sacar la basura, la vecina venía llegando apenas, con bolsa en mano llena de frutas. Iba pasando frente a la casa del vecino limpio.

Pensé en saludarla, por un instante sentí que éramos cercanas. Luego recordé que este sentimiento se debía a que la espiaba.

Damn. La espiaba.

Volteé la mirada hacia la casa del vecino metalero desaliñado, haciéndome la absorta en mis asuntos.

Entonces vi la sangre. Estaba por todas partes. Los vidrios también, por todas partes.

Al parecer rompió la ventana antes de aventarse.

Pobre tipo, no murió.

Ahora que lo pienso... ella nunca me dijo qué pensaba del suicidio. Yo no sé qué pensar sobre esto.


Como sea, esto fue la semana pasada. Sabía bien que hoy escribiría, pues hace exacto dos meses que ella se fue. Aún así, no pensé que el suicidio fallido de mi vecino tomaría parte en la escritura. Creo que no tengo de qué escribir.
Es triste pensar que eso es lo más emocionante que me ha pasado en dos meses.

Eso y la salida con mi papá el fin de semana pasado. Luego les contaré.


No importa de qué escriba, cuando lo hago siento que es para ella.

Y ella está aquí, puedo escucharla bostezar.
Le cae el cabello por ambos lados de su cara, rubio y enmarañado. Con flequillo que ella misma se hizo. Boina azul, un azul más oscuro que el de sus ojos.

No, corrijo: un azul diferente al de sus ojos. Sus ojos no son para nada oscuros.

Su cara me sugiere aburrimiento.

Le aburre mucho verme escribir. "Es algo que deberías hacer cuando no estás conmigo". Sí, puedo escucharla quejarse.



"Deberías estar conmigo siempre"... se me olvidó decirle.


No hay comentarios: