Cuando digo que te quiero.



Cuando digo que te quiero pretendo encapsular en una simple frase 
un millón de deseos que me abruman con insistencia. 

Porque te quiero de la forma común y corriente, 
como la gente quiere y como,  desde el principio de los tiempos, quiso.
Pero, también, te quiero de muchas maneras 
de las que no se ha escrito verso, historia ni canción.

Quiero que las yemas de mis dedos conozcan cada poro de tus pómulos;
enseñarles a encontrar tus ojos en la oscuridad.
Quiero reconocer tus palabras aún en voces ajenas.
Y de tu boca robar unos cuantos suspiros y sonrisas al amanecer.

Quiero ser de ti la única en todos los sentidos.
La que cuando te hable por tu nombre encuentre
en tu mirada respuestas a preguntas 
que nadie nunca se ha atrevido a hacer.

Quiero, al mirar el cielo, no tener que memorizar las formas.
Como si no fuera necesario contarte nada.
Especular, en silencio, a qué hora se cruzará tu camino con el mío.
Y, al bajar la mirada del cielo, ver las formas en la iris de tus ojos.

Quiero vivir de tu mano amarrada,
como las raíces del abeto a la tierra.
Dejar ya de clasificar mis días
en los que paso contigo y los que te ansío extrañándote.

Quiero hallar la palabra que explique todo lo que siento.
Quiero caminar, intentar y fallar si es necesario.
Pero que sea contigo.
Yo quiero todo a tu lado.

Cuando digo que te quiero deseo transmitirte mis ganas de amarte en sólo dos palabras.
Pues te quiero de la forma en la que quieren personas como yo, comunes y corrientes.
Pero, sobre todo, porque al abrazarte mi corazón vuelve a donde pertenece.

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