Lo que sea.

Como un sabor artificial o una decisión que poco ha de importar, tan válido como la respuesta que pudimos haber callado pues igual nada hubiera cambiado. Así como decir "lo que sea", pues nos da lo mismo, de "no me importa" es eufemismo.
Inhalando el humo de un cigarro que no he fumado, morir de cáncer no me preocupa. Pensando, de nuevo, en el inicio del día que con su luz me recibe y en los planes que me deparan. Lo que sea servirá.
En el tono que usaría mi madre para regañarme, en ese tono y con la voz de un viejo amor voy listando las cosas que podrían pasarme y cuántos detalles podría perderme escuchando la música que alguien más puso en su reproductor, lo que sea me distrae y no tengo remedio. Perdida estoy.
Cuántas veces no habremos dicho "lo que sea" al tener la imaginación ocupada, el modo automático activado, la mente en otra parte. Y entre pared y pared hemos quizá pensado en el vacío que nos rodea y en que tal vez da igual si elegimos esto o no.
Y al hablar de lo que sea, no quisiera perder de vista que en este mismo instante debería estar resolviendo otro asunto más importante. Pero me da igual, pues qué más da. Lo que sea, será.

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