Corriendo, lentamente.

Voy a tu encuentro,
sabiendo que no estarás,
que no estás enterado.
Que no existes, no eres.

Cuestionando, voy,
todo lo que de tu mano aprendí.
Pues la verdad que proclamamos absoluta
hoy no es sino de las mentiras, la más cruel.

Hice un pacto con la lluvia,
para que me recuerde los lugares
 que contigo compartí,
para evitarlos y evitarme sentir.

Las flores de aquel árbol
que dejaron de crecer
habrían sido el presagio
que mis ojos hubiesen tenido que ver.

Si tan sólo hubiese estado viendo.

Voy a tu encuentro,
deprisa, despacio,
me detengo y en silencio
le doy un abrazo a tu ausencia.

No hay luz de noche,
pues la Luna que juntos veíamos,
apagó su luz
cuando tu amor se apagó.

Corriendo, lentamente,
la prisa de pronto adquiere sentido.

Me detengo y recuerdo
qué se siente sentir,
qué se siente saber,
y que a tu encuentro voy como antes.

Sabiendo que bajo las nubes densas
que cubrirán las tardes de otoño
no te veré.

Que no estarás ahí.

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